Así la definía a esta mujer mi abuelo, hombre sabio y de oído curtido por muchas horas de buen flamenco: -Un monstruo esta mujer, es un monstruo -decía el hombre-, no habrá otra igual.
Pitonisa del verdadero flamenco gran reserva, energía y rabia pendenciera, una auténtica gladiodora del cante por bulería. ¡Oh, paquera! Los que en este valle de lágrimas seguimos… te recordamos, porque no has muerto; sigues viva en los tablaos más profundos de nuestro corazón. ¡Óle!
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